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      La comisión de Justicia Paz y Ecología tiene como objetivo el de contribuir en la sensibilización, animación y formación de los frailes Menores Capuchinos en la temática de Justicia, Paz y Ecología desde una orientación franciscano-capuchina. Con esto que, busque imprimir una presencia viva y activa de la Viceprovincia Madre del Divino Pastor, junto a la Iglesia y la Sociedad, en las iniciativas relativas a la Justicia, Paz y Ecología.


    FRANCISCO Y LA ECOLOGIA


    Francisco de Asís fue declarado por Juan Pablo II, el día 29 de noviembre de 1979, patrono de los ecologistas. Esto por el relevo de su figura en la historia, como por el simbolismo que pasó a representar modernamente para los ambientalistas y ecologistas (MERINO, 2006, p. 238). La persona de Francisco evoca un valor en sí, sea por sus actitudes o testimonio. No en tanto, es bueno destacar la importancia de la racionalidad implícita que subyace y que hace no solo de Francisco, mas del franciscanismo una fuerza interpeladora en los tiempos actuales (MERINO, 2006, p. 256).

    El pensamiento franciscano viene a ser una entre otras referencias cristianas que orientan la cultura occidental. Con todo, en Francisco se encuentra una figura carismática, de un respeto hacia las criaturas que va mas allá de nuestra racionalidad. La mística franciscana nos invita a unir fuerzas para cantar la reconciliación y gestación de un nuevo ser humano hermano que sienta pulsar las cosas dentro de sí.


    Dios en la experiencia ecológica franciscana


    La profunda experiencia de Dios permitió que Francisco mudara su forma de pensar y vivir, fue el punto de partida para la renovación de toda su vida, experiencia que fue posible a través de la escucha interior de la voluntad de Dios en el silencio indecible de la creación (RODRIGUES, 2008, p. 3). Este Dios se revela a Francisco en todas las dimensiones de su vida personal, fraterna, mundana e histórica (MERINO, 1999, p. 121).

    La comprensión creacionista de Francisco implica una relación diferente con el mundo. A través de la creación el alaba al creador y se relaciona con las creaturas de manera afectiva (2 Cel 166). Dios no apenas creó todo lo que existe, sino que, también, está presente en todo. Este Dios de Francisco difiere del animismo y del panteísmo, pues, el pobre de Asís consigue tener una mirada que sacraliza las cosas al hablarles del creador. De esa forma, la hormiga, el lobo, las plantas, la tierra, los astros del cielo, todos somos hermanos y hermanas. De esa forma, somos parte del mundo y no alguien en el mundo.

    En Francisco se encuentra un ser habitado por Dios, capaz de soportar todo tipo de angustia del mundo presente. Para él Dios es revelado como fuerza salvadora, luz, vida, amor y realidad inédita y atrayente. Así lo muestra en sus escritos:


    Tú eres el santo Señor Dios único

    el que haces maravillas (cf. Sal 76, 15)

    Tú eres el fuerte,

    Tú eres el grande (cf. Sal 85,10),

    Tú eres el altísimo,

    Tú eres el rey omnipotente;

    Tú, padre santo (Jn 17, 11),

    Rey del cielo y de la tierra (cf. Mt 11,25) (AID 1 y 2).


    Dios es para Francisco algo deseable, próximo, íntimo y vinculante, reconocible en una experiencia singular. Conforme José Antonio Merino (1999, p. 123), Dios es una presencia creadora, salvadora, próxima, acogedora y dialogante. Conocer a Dios y servirlo es una “cuestión de ser o no ser”. Por lo tanto, el santo de Asís solo será comprendido dentro de su fe cristiana que lo envuelve y habita. Pues, es a través de esta fe sentida que Francisco descubre la profundidad del mundo e de todas las criaturas. Toda su existencia fue el clamor y canto de una oración viva que no necesita de libros. El experimenta el inmenso misterio de un Dios uno y trino, al mismo tiempo que experimenta que esa trascendencia se hace próxima a través de Jesucristo, gracias a la fuerza actuante y permanente del Espíritu Santo (MERINO, 1999, p. 124).

    La experiencia trinitaria del Dios de Francisco es el de las comunicaciones ad extra, las cuales culminan en la Encarnación que, conforme Luigi Iammarrone (2005, p. 79), tras citar la teología de Alexandre de Hales, dice tratarse de un amor ágape, profundamente vivido por Francisco de Asís.

    Conforme Oktavian Schmucki (2001, p. 125), la experiencia religiosa de Francisco está íntimamente unida a su modo peculiar de integrar en la oración la dimensión cósmica. De ese modo esta experiencia nos descubre todo un mundo de relaciones vividas y profundadas, pues a Dios no va como un solitario, aún cuando busca la soledad (MERINO, 1999, p. 125).







    San Francisco y las criaturas


    Por medio de las criaturas, argumenta Merino (2000, p. 145), Francisco canta alabanzas al Dios Altísimo, siendo ellas expresión y horizonte del amor de Dios. El Mundo visible suscitaba en el Pobre de Asís una experiencia profunda de Dios. Su contemplación posibilitaba una admiración sin límites por las criaturas al intuir en ellas la causa última de todas las cosas, que se transformaban en signo sacramental del amor de Dios (SCHMUCKI, 2001, p. 127)

    Según Elói Leclerc (1979, p. 9), cuando el santo de Asís exalta la creación, no son apenas las cosas exteriores que son evocadas, sino una realidad más basta y original, en la que el alma humana y la creación material se encuentran fabulosamente congraciadas. En consonancia con esta actitud que nos interpela, la actual situación ecológica resulta de un problema de fondo, que es la comunicación, lo que depende de la idea que el hombre hace de la naturaleza y de los seres que la componen (MERINO, 2000, p. 137).


    El lenguaje de las cosas


    La forma de como Francisco ve las cosas abre un camino hacia su propia intimidad (LECLERC, 1977, p. 17). En Francisco sorprende su espontaneidad e intensa profundidad con que capta la relación de los signos sacramentales con el Bien supremo, de la criatura con la última causa dadora de vida (SCHMUCKI, 2001, p. 127). Del santo de Asís escribe Celano: “Dejaba que los candiles, las lámparas y las candelas se consuman por sí, no queriendo apagar con su mano la claridad, que le era símbolo de la luz eterna” (2 Cel 165). En Francisco las cosas se tornan elocuentes transmitiéndoles el profundo amor de Dios:


    ¿Quién será capaz de narrar de cuánta dulzura gozaba al contemplar en las criaturas la sabiduría del Creador, su poder y su bondad? En verdad, esta consideración le llenaba muchísimas veces de admirable e inefable gozo viendo el sol, mirando la luna y contemplando las estrellas y el firmamento (1Cel 80).


    Para Francisco las cosas hablan de Dios-Padre, creador de todo, mas también de Cristo, por quien todas las cosas fueron hechas, que se encarnó y por quien somos redimidos. Por medio de las criaturas el santo de Asís no solo experimentaba un contacto vivificante con el Creador, mas, también, revivía continuamente la comunión con Cristo. Con relación a esto se escribe:


    Se goza en todas las obras de las manos del Señor, y a través de tantos espectáculos de encanto intuye la razón y la causa que les da vida. En las hermosas reconoce al Hermosísimo; cuanto hay de bueno le grita: El que nos ha hecho es el mejor. Por las huellas impresas en las cosas sigue dondequiera al Amado, hace con todas una escala por la que sube hasta el trono (2Cel 165a).


    Francisco, tiene del mundo una visión totalizadora, comprensiva, comunicativa y operativa en la cual todos y cada uno de los seres son reconocidos, admitidos e interpretados en su especificidad e individualidad, adquiriendo, en este sentido, su valor óntico y su significación cósmica (MERINO, 1999, p. 216).


    Hermandad universal


    La sacralización de todo el universo por medio de la encarnación del Verbo de Dios aclara el sentido que Francisco le da a la hermandad universal (SCHMUCKI, 2001, p. 129). Moltmann (1993, p. 250) explica que en las tradiciones neotestamentárias y en la teología de la Iglesia antigua, el acontecimiento de la encarnación fue entendido no solo en dimensiones antropológicas a través del cual Dios se une a las personas, mas también, en dimensión cosmológica. De acuerdo con esto, no se trata de un simple sentimentalismo naturalista cuando Francisco deseaba para la navidad:


    …que en ese día los ricos den de comer en abundancia a los pobres y hambrientos y que los bueyes y los asnos tengan más pienso y hierba de lo acostumbrado. Si llegare a hablar con el emperador – dijo –, le rogaré que dicte una disposición general por la que todos los pudientes estén obligados a arrojar trigo y grano por los caminos, para que en tan gran solemnidad las avecillas, sobre todo las hermanas alondras, tengan en abundancia (2 Cel 200).


    Conforme Moltmann (1993, p. 252), en el movimiento de Dios, en su transformarse en persona humana y en su auto-oferta en la cruz, “el cielo también se abre para la tierra y la tierra se abre para el cielo, cielo y tierra son juntados y alcanzan la paz global de Cristo para su comunión abierta”.

    Como en la Cruz, en que Jesús se ofrece como nuestro redentor, en la encarnación el Hijo de Dios se entrega a toda la humanidad al mostrarse al mundo como un niño. Con la encarnación, el Dios hecho hombre, Cristo, no solo se hizo hermano de todos los hombres, mas, también, con el resto de la creación. Es en este sentido que la hermandad en Cristo debe continuar y ampliarse en la relación fraternal de todas las criaturas. Por lo que, aquí radica la razón profunda del porqué llamaba él hermanas a todas las criaturas (SCHMUCKI, 2001, p. 130).


    Hermano y hermana en clave franciscana


    Según E. Leclerc (1979, p. 11), la comunión fraterna de Francisco con las criaturas y la celebración entusiasta que la exprime son también el lenguaje de una abertura del hombre a su ser total. Con esto, que el hombre no puede fraternizar con los elementos cósmicos sin reconciliarse con todo lo que aquellos elementos simbolizan. Con esto, que la relación que san Francisco tenía con el mundo de las criaturas solamente pudo ser posible por medio de un grande esfuerzo:


    En fin, a todas las criaturas las llamaba de hermanas, como quien había llegado a la gloriosa libertad de los hijos de Dios, y con la agudeza de su corazón penetraba, de modo eminente y desconocido, a los demás los secretos de las criaturas (1Cel 81).


    Conforme Leonardo Boff (1981, p. 56), este modo de ser de Francisco con las cosas resultó en una total reconciliación del hombre con su universo. En él se reconcilia la arqueología intima con la ecología exterior mediante la experiencia fundante del misterio de Dios.

    En el Cántico de las Criaturas, podemos encontrar sintetizada la actitud del santo de Asís frente a Dios, frente al mundo y delante del hombre y del tiempo (MERINO, 1999, p. 216). Sobre este Cántico, una de las cosas que más llama a la atención es la denominación “hermano” y “hermana”, dado el simbolismo material imaginario, que evoca el matrimonio de las cosas. En este sentido es que a partir de las imágenes cósmicas del “Señor hermano Sol” y de “nuestra hermana la madre Tierra”, imágenes de la paternidad y maternidad, se van a intercalar todos los otros elementos cósmicos enunciados en el Cantico (LECLERC, 1977, p. 28). En lo que respecta al santo de Asís, la visión cristiana, le permitía ver por todas partes y en todos los seres la fraternidad universal criada por Dios. La novedad de Francisco reside en la vivencia de la dimensión horizontal, donde todos son hijos de Dios y lógicamente hermanos que conviven en la gran Casa paterna (BOFF 1981, p. 52).

    La pobreza


    Dentro de esta relación con las criaturas se destaca la actitud frugal en el franciscanismo. El pobre de Asís se despojó absolutamente de sí y de las cosas. Por eso, encontró el absoluto de las cosas (MERINO, 1999, p. 219). La actitud del ser humano moderno delante de los seres naturales y las realidades cósmicas, a diferencia de esta actitud promovida por Francisco, es una actitud de conquista y de pose incondicional (MERINO, 2000, p. 141). Fruto de esta relación la naturaleza se siente frustrada, porque debido al pecado el ser humano ni tiene una relación fraternal con ella ni la refiere a su creador (SCHMUCKI, 2001, p. 134).

    Francisco, que era hijo de un rico comerciante, fue dado a la vanidad y frivolidad del siglo, mas renunció a todo, potencializando el ser sobre el tener (MERINO, 1999, p. 289). Conforme Fidel Aizpurúa (2002, p. 296), el mundo está configurado pecaminosamente por el dinamismo capital-riqueza, por lo que es menester suscitar un dinamismo diferente. Es por eso que cuando la ambición es controlada por una visión distinta de la vida y de la historia fluye la relación. Una relación distinta, de pobreza, quiebra con los paradigmas imperantes de dominio y consumo exagerado de la actualidad. Por consiguiente así reza san Francisco:


    La pura santa simplicidad confunde a la codicia y la avaricia y a la sabiduría de este mundo. Y a la sabiduría del cuerpo. La santa humildad confunde a la soberbia y a todos los hombres del mundo, y a todo lo que hay en este mundo (SalVir 11-12)


    Aizpurúa (2002, p. 295) acuña el término “civilización de la pobreza” de Ignacio Ellacuría, quien dice tratarse de una lucha denodada, no por hacer pobres, sino de hacer dignas todas las personas, quebrando con la dialéctica riqueza-pobreza. De este modo, dando paso a un mundo posible para todos.


    Una civilización… donde la pobreza ya no sería la privación de lo necesario y fundamental debido a la acción histórica de grupos o clases sociales y naciones o conjunto de naciones, sino un estado universal de cosas en que está garantida la satisfacción de las necesidades fundamentales, la libertad de las opciones personales y un ámbito de creatividad personal y comunitaria que permita la aparición de nuevas formas de vida y cultura, nuevas relaciones con la naturaleza, con los demás hombres, consigo mismo y con Dios (ELLACURIA, 1982, p. 595 apud AIZPURÚA, 2002, p. 295).


    Para Ignacio Ellacuria, se trata de una civilización que reivindica la centralidad e innegociabilidad de la persona, pues, los modos de la riqueza extrema adulteran la cultura y, no en tanto, la demanda de los pobres recuerda las posibilidades de una cultura humanista (AIZPURÚA, 2002, p. 297). En este sentido, de san Francisco de Asís podemos aprender que los bienes materiales deberían ser un medio de promover la vida y las relaciones interpersonales (2Cel 80).


    El hombre fraterno


    Francisco de Asís no solo proclamó que el hombre es hermano del hombre sino que también quiso vivir en el interior de un grupo, que llamó de fraternidad, con la finalidad de vivir el evangelio de Jesucristo (MERINO, 1999, p. 169). La experiencia franciscana nos lleva a una realidad que envuelve todo, en la que Francisco y los que sienten como él se encuentran en relación fraterna con todos los seres, con todo ser humano y con Dios (MERINO, 2000, p. 151).

    El pobre de Asís es aquel que busca la paz, construye lazos de fraternidad. Esto lo podemos apreciar en la historia de Francisco y el lobo de Gúbio. Según Leonardo Boff (1981, p. 121), Francisco convierte el lobo en hermano lobo, en ser nuevo. El lobo feroz ataca las personas por que no tiene nada para comer, Francisco hace un trato con el lobo, promete comida en cambio de no atacar a nadie. Francisco ve un hermano donde los demás ven un enemigo. Él es el promotor de la paz y de equilibrados vínculos fraternos. En este sentido se explica:


    En toda predicación que hacía, antes de proponer la palabra de Dios a los presentes, les deseaba la paz, diciéndoles: El Señor os dé la paz. Anunciaba devotísimamente y siempre esta paz a hombres y mujeres, a los que encontraba y a quienes le buscaban. Debido a ello, muchos que rechazaban la paz y la salvación, con la ayuda de Dios, abrazaron la paz de todo corazón y se convirtieron en hijos de la paz y en émulos de la salvación eterna (1 Cel 23).


    Este deseo de paz fue lo que él siempre quiso transmitir, una paz basada en la justicia e igualdad de condición para todos. Esta paz es posible bajo la influencia del respeto de las obras de Dios, del agradecimiento por el premio inestimable de los seres salidos de la mano de Dios, y la búsqueda de una justa distribución de los bienes terrenos creados para la felicidad de todos (MATHIEU, 2001, p. 147).





    Valor y respeto por la vida


    Conforme Elói Leclerc (1979, p. 39), citando L. Lavelle, el carácter original del mensaje de Francisco de Asís es ser la más alta afirmación que se pueda hacer del valor del ser y de la vida, tal como la recebemos de las manos de Dios. Para Merino (2000, p. 149), en el mundo franciscano, todos los seres reales y concretos, por irrelevantes que puedan parecer, deben ser respetados, aun cuando estos parezcan insignificantes ante nuestros ojos, según nuestra manera de juzgar.

    La valorización el respeto y cuidado por todo lo que existe permite que Francisco logre reconciliar de manera concreta y vital las cosas aparentemente más irreconciliables. Hermana la pureza del espíritu y el lirismo de la vida, el amor de la Cruz y la exaltación del Sol, la identificación con Cristo crucificado y la comunión afectiva de la naturaleza (LECLERC, 1979, p. 79).

    Todo lo que existe para Francisco es hermano y hermana, de ahí un profundo cuidado y amor para con las cosas. Un ejemplo de esta actitud del santo de Asís la dan sus biografías al decir:


    Recoge del camino los gusanillos para que no los pisoteen; y manda poner a las abejas miel y el mejor vino para que en los días helados de invierno no mueran de hambre. Llama hermanos a todos los animales, si bien ama particularmente, entre todos, a los mansos (2 Cel 165b).


    En Francisco la naturaleza nunca es objeto útil o campo permitido para desenvolver la ambición incontrolada del hombre, mas tiene autonomía propia, valor en sí misma y un sentido profundo que no puede ser olvidado ni oculto (MERINO, 1999, p. 213). Hoy en día, se puede decir, que la raíz del alarme ecológico reside en el tipo de relación que los humanos, en los últimos siglos, han tenido con la tierra y sus recursos, o sea, una relación de dominio, de no reconocimiento de su alteridad y de falta de cuidado necesario y de respeto imprescindible que toda alteridad exige (BOFF, 2000, p. 17).







    Relación con Jesucristo


    Para Francisco, Jesucristo es: la revelación de Dios, salvador de los hombres, modelo de vida, enseñanza suprema y clave para interpretar el mundo y la historia (MERINO, 2000, p. 205). Al mismo tiempo que busca a Dios como valor supremo, el santo de Asís encuentra a Jesús en el rostro del leproso, en el crucifijo de san Damián, en las Iglesias que visita, que, por consecuente, lo invitan a la pobreza, abnegación y cruz (IAMMARRONE G., 2005, p. 164).

    Esta experiencia personal con Cristo lleva a Francisco a una experiencia social con todos los hombres y a la experiencia cósmica con toda la naturaleza (MERINO, 2000, p. 205). Francisco encuentra en el sufrimiento y muerte de Cristo el verdadero sentido del sometimiento y abandono total a las cosas y a través de ellas al padre (LECLERC, 1979, p. 160). Conforme esta dinámica del abandono y sometimiento a toda criatura, en la cual Francisco se espeja, se dice:


    La propuesta de Francisco consiste en someterse a todos los hombres, incluso en las situaciones desfavorables o de persecución, a causa de Dios; porque de esta manera se cumple la voluntad de Dios, único Señor del Universo, y se siguen las huellas de Jesucristo siervo paciente, humilde y pobre, totalmente obediente al Padre y entregado a los hombres para su salvación. La vocación de todo cristiano y, por tanto, del hermano menor, siguiendo el ejemplo de Jesús, es someterse a todos para crear una fraternidad entre todos los hombres, basada en el servicio y amor mutuos, donde al mal recibido se responda haciendo el bien (LAVILLA, 2005, p. 215).


    Leonardo Boff (2000, p. 29) alerta que la tierra se siente amenazada en su equilibrio ecológico, al mismo tiempo que la mayoría de la sociedad sufre pesadas injusticias sociales, por lo que existe la necesidad de construir una civilización planetaria que consiga establecer un diálogo favorable que mantenga unidos, conscientemente, los polos de la unidad e de la diversidad como valores complementares. Es en este sentido que la sujeción a toda criatura, antiguamente evocada por Francisco, justifique la necesidad de la negación del yo egoísta, pues, sólo con tal renuncia se pueden cumplir los mandatos de amar a nuestros enemigos, hacer el bien a quienes nos odian (Mt 5,24; Lc 6,27) y todas las demás enseñanzas de Jesús (LAVILLA, 2005, p. 209).

    Este someterse a todas las cosas proviene de una actitud cristiana de fe, no significando una enfermiza sumisión, sino, un reconocimiento y servicio mutuo. Por lo que la obediencia y, por tanto, la sumisión universal, son gracia de Dios y respuesta del ser humano, que consiste en la entrega confiada a la voluntad de Dios, manifestada a través de sus criaturas (LAVILLA, 2005, p. 213).

    Citando a S. Buenaventura, Merino (2000, p. 207) dice que a través de Jesucristo es posible conocer e interpretar la verdad y hasta vivir en ella. Como también es a través de Jesucristo que se consigue vislumbrar el esplendor con que todos los seres creados reflejan la majestad infinita del creador.

    Para Francisco las cosas a cada momento son transfiguradas, se divinizan, cobran vida. Todo se convierte en lenguaje y relación. De ahí el deseo de Francisco por un mundo donde dominen vínculos harmónicos que propicien la paz y el amor entre los seres humanos:


    El santo tuvo siempre constante deseo y solicitud atenta de asegurar entre los hijos el vínculo de la unidad, para que los que habían sido atraídos por un mismo espíritu y engendrados por un mismo Padre, se estrechasen en paz en el regazo de una misma madre. Quería unir a grandes y pequeños, con afecto de hermanos a sabios y simples, conglutinar con la ligadura del amor a los que estaban distanciados entre sí (2 Cel 191).


    La persona de Jesucristo y su mensaje significó para Francisco mudar el rumbo de su vida, colocarse en otro lugar social para tener una perspectiva diferente, nueva y transformadora (MERINO, 2000, p. 203).

    Por medio de esta identificación de Francisco con la persona de Jesucristo el santo de Asís es capaz de solidarizarse con el sufrimiento de sus semejantes y de toda la creación, él expresa este amor por los hombres y toda criatura, pues, a través del lente Jesucristo, siente y se une en un mismo sentir con toda la creación. Es por eso que Francisco mide su pobreza confrontándose con dos realidades objetivas: los pobres concretos y Cristo pobre (BOFF, 1981, p. 93). Conforme Merino (2000, p. 203), entre todos los escritos de Francisco transpira el amor y la ternura sin límites para con Jesucristo, a quien él pretende seguir e imitar lo mas posible en la vida humana.



    Francisco para nuestro tiempo


    Para Aizpurúa (2002, p. 298), la aportación del mensaje franciscano a la vida eclesial y a la misma historia no es sino su ingenua e increíble utopía de la fraternidad universal, la fe en un mundo hermano. Por tanto que, partiendo de esta constatación se explica:


    Para los que buscan un encuentro fraterno y amistoso con todos los seres, comenzando por sus semejantes, cualquiera que sea su condición, sus riquezas, sus debilidades, sus pecados, su éxito o su fracaso, Francisco propone la fraternidad universal entre todos los seres salidos de la mano de Dios e invita a sus hermanos a regocijarse más del Bien que Dios realiza en los demás antes del suyo propio (MATHIEU, 2001, p. 146).


    Dado el contexto en el que vivimos, donde impera el secularismo y la globalización y donde la casa común se siente amenazada, es menester una ecología abarcante y global. Con esto la exigencia de una cierta colaboración de las fuerzas políticas y económicas y de las ciencias humanas. Esto a su vez exige una antropología relacional, una ética comprometida y una teología que sirva de base y orientación (MERINO, 2000, p. 158). A partir de aquí la necesidad de una cultura que corrija las actuales relaciones del hombre con el cosmos, o sea, una pedagogía ecológica.

    Conforme Boff (2000, p. 30), urge alimentar una postura global, es decir, que piense globalmente y que actúe localmente; y que piense localmente y que actúe globalmente. Significa el surgimiento de un nuevo ethos, que vise la valorización y toma de conciencia de la responsabilidad que cada ser humano tiene con la casa común (BOFF, 2000, p. 33).

    Según Flaviano O. Fonseca (2008, p. 85), nos argumenta que Hans Jonas, con una visión de futuro por una ética de la responsabilidad, en vista de un nuevo relacionamiento con el todo de la creación, dice: “actúa de tal forma que las consecuencias de tu acción no interrumpan la posibilidad de que la vida se continúe manifestando en todas sus expresiones como hoy nosotros la percibimos”. La visión de futuro de una ética que vise el cuidado y nuevos relacionamientos, significa el resurgir de un mundo distinto, en que la fraternidad universal dejaría de ser una utopía.

    El pobre de Asís apunta hacia esta utopía con esperanza, así como lo hizo en su tiempo. Francisco nunca defraudó las esperanzas legítimas de los hombres. Por eso, el pensamiento franciscano quiere dar una respuesta a esas esperanzas fundamentales del hombre como ser creado, libertado, redimido y reconciliado, consigo, con los otros y con Dios (MERINO, 1999, p. 317). De ahí que Francisco sea llamado el hombre del siglo futuro, el hombre del futuro mas bello y mas humanizado.


    REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


    1. Libros:

    BOFF, Leonardo. Ecologia, Mundialização, Espiritualidade: a emergência de um novo paradigma. São Paulo: Àtica, 1993.


    ______. São Francisco de Assis: ternura e vigor: uma leitura a partir dos pobres. Petrópolis: Vozes, 1981.


    IAMMARRONE, Giovanni. Cristologia. In: MERINO, José A. e FRESNEDA, Francisco M. Manual de Filosofia Franciscana. Petrópolis: Vozes, 2006.


    IAMMARRONE, Luigi. A Trindade. In: ______. ______. Petrópolis: Vozes, 2006.


    LECLERK, Elói. O Cântico das Criaturas ou Os Símbolos da União. Petrópolis: Vozes, 1977.


    ______. O Cântico das Criaturas. Braga: Editorial Franciscana, 1979.


    MERINO, José A. Filosofia da vida: visão franciscana. Braga: Editorial Franciscana, 2000.


    ______. A. Humanismo Franciscano: franciscanismo e mundo atual. Petrópolis: FFB, 1999.


    MOLTMANN, Junges. A Criação de Deus. Petrópolis: Vozes, 1993.



    2. Revistas:


    AIZPURÚA, Fidel. Una Sola Familia: la fraternidad franciscana ante el fenômeno de la globalización. Selecciones de franciscanismo. Valencia, n. 92/2, 2002.


    ELLACURIA, Ignacio. El Reino de Dios y el paro en el tercer mundo. Concilium. N. 180, 1982.


    LAVILLA, Miguel Angel. La Sumisión a toda criatura por Dios, propuesta por Francisco de Asís. Selecciones de franciscanismo. Valencia, n. 101/2, p. 185-217, 2005.


    MATHIEU, Luc. El hombre y la creación: la visión franciscana. Selecciones de franciscanismo. Valencia, n. 89/2, p. 139-147, 2001.


    SCHMUCKI, Oktavian. La mística de la naturaleza en san Francisco de Asís. Selecciones de franciscanismo. Valencia, n.88/1, p. 139-147, 2001.



    3. Correo electrónico:


    RODRIGUES, Ricardo Antonio. Ecologia Latino-Americana e a Cosmovisão Franciscana. Disponible em:

    http://74.125.47.132/custom?q=cache:g7O_hLR67eQJ:sites.unifra.br/Portals/1/4-ecologia.pdf+a+ecologia+latinoamericana+e+a+cosmovis%C3%A3o+franciscana&hl=es&ct=clnk&cd=1&gl=es&client=pub-5290841645143661, pág. 03. Acceso en 05 Nov 2008.


     
         


     
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